Científicos de México, Estados Unidos y Canadá comenzaron a colocar diminutos dispositivos de rastreo en cientos de mariposas monarca para conocer con mayor precisión sus rutas migratorias, identificar los sitios donde descansan y alimentan, y proteger esos espacios ante la pérdida de hábitat.
La iniciativa busca responder preguntas que durante décadas han intrigado a los investigadores: cuánto avanzan cada día, dónde pasan la noche y qué lugares necesitan para completar su recorrido de hasta 4 mil 800 kilómetros, desde el sur de Canadá hasta los bosques de oyamel del centro de México.
Este año se colocaron etiquetas alimentadas con energía solar en casi mil 750 ejemplares. Desde el inicio de la migración se han detectado 175 mariposas rastreadas en territorio mexicano.
Tecnología para conocer sus rutas
Rebeca Quiñonez-Piñón, científica principal de la National Wildlife Federation, participa en Project Monarch Collaboration, un equipo trinacional que combina el rastreo en tiempo real con la colaboración ciudadana.
La investigación también busca identificar los sitios donde las monarcas se detienen en Texas, una región clave para las poblaciones que migran entre el este de las Montañas Rocosas y México.
Los dispositivos cuestan alrededor de 200 dólares y pesan aproximadamente lo mismo que una gota de agua. Para evitar que afecten el vuelo, se colocan principalmente en ejemplares que pesan más de 400 miligramos.
El procedimiento requiere capturar cuidadosamente a las mariposas, tranquilizarlas mediante bajas temperaturas y adherir el transmisor a su abdomen antes de liberarlas.
“Los polinizadores son cruciales para proteger y garantizar que nuestros ecosistemas se mantengan saludables”, explicó Quiñonez-Piñón.
Los primeros resultados ya permitieron identificar desplazamientos que no se habían documentado en tal cantidad, como mariposas que viajaron desde la costa este de Estados Unidos hasta Florida, cruzaron el Golfo de México y continuaron su recorrido por territorio mexicano.
Sin embargo, la tecnología tiene limitaciones: no proporciona la ubicación exacta del insecto, sino la del receptor que detectó su señal. Tampoco permite confirmar si la mariposa continúa con vida.
La pérdida de población amenaza a la especie
El seguimiento cobra relevancia ante la disminución de las poblaciones de monarca. Desde mediados de la década de 1990, las que migran por el este de Norteamérica han perdido más de 80 por ciento de su población, mientras que en el oeste la reducción ronda 95 por ciento.
Entre sus principales amenazas están la pérdida de hábitat, los pesticidas y el cambio climático. Estos factores afectan al algodoncillo, planta donde las monarcas depositan sus huevos y de la que se alimentan exclusivamente sus orugas.
También enfrentan sequías que reducen sus fuentes de agua y néctar, atropellamientos y la destrucción de bosques en California, donde algunas poblaciones pasan el invierno.
Ante este panorama, los investigadores consideran que conocer con mayor precisión sus rutas y lugares de descanso permitirá orientar los esfuerzos de conservación. Aunque el gobierno estadounidense aplazó una decisión sobre las protecciones federales para la especie, grupos conservacionistas mantienen acciones para evitar que su población siga disminuyendo.





