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Detectores de IA confunden a García Márquez con una máquina

Los detectores de inteligencia artificial (IA) presentan fallas importantes al evaluar textos escritos en otros idiomas distintos del inglés. Una muestra de ello ocurrió cuando una herramienta clasificó los primeros párrafos de Cien años de soledad, la célebre novela del Nobel colombiano Gabriel García Márquez publicada en 1967, como contenido generado artificialmente.

El experimento, realizado a principios de este año, se volvió viral luego de que el escritor Jorge Carrión sometiera el fragmento a un detector que arrojó un resultado de entre 84 y 100 por ciento de probabilidad de generación mediante IA.

El caso abrió nuevamente el debate sobre la confiabilidad de estos programas y los sesgos culturales y lingüísticos que pueden afectar sus resultados, especialmente cuando analizan textos en español.

¿Por qué una obra literaria puede parecer escrita por IA?

Saiph Savage, directora del Laboratorio de IA Cívica del Colegio Khoury de Ciencias de la Computación de la Universidad Northeastern, en Boston, advierte que los errores de herramientas como Pangram no son casos aislados, sino una consecuencia de su funcionamiento.

“Que los primeros párrafos de Cien años de soledad aparezcan como totalmente escritos por IA, igual que pasajes del Génesis o la Constitución de Estados Unidos, es una consecuencia lógica de su diseño”.

La especialista explica que estos detectores no identifican directamente quién escribió un texto ni qué herramienta se utilizó para producirlo. En cambio, analizan características estadísticas del lenguaje, entre ellas:

  • La perplejidad: mide qué tan predecible resulta una palabra dentro de una secuencia.
  • La variación en el ritmo y la longitud de las frases: examina los cambios en la estructura de las oraciones.

Cuando un escrito presenta una secuencia de palabras predecible y una prosa fluida, el sistema puede interpretarlo como resultado de una máquina.

Savage señala que ahí radica una de las principales limitaciones de estas herramientas: los modelos de lenguaje también aprendieron a escribir a partir de textos literarios elaborados.

“Por eso, cuanto más pulida y rítmica es una obra humana, más se parece a lo que produce una IA. García Márquez dominaba la cadencia y la cohesión de forma impecable, y el detector confundió maestría con algoritmo”.
Detectores de IA confunden a García Márquez con una máquina

El español y otros idiomas enfrentan mayores errores

La especialista advierte que las fallas pueden agravarse cuando los detectores analizan textos en idiomas distintos del inglés, debido a que muchas de estas herramientas se calibran con materiales escritos en inglés contemporáneo.

Esto puede dificultar el reconocimiento de estructuras sintácticas propias del español, como las oraciones subordinadas y las construcciones más flexibles. También puede perjudicar a quienes utilizan un estilo formal o un vocabulario controlado.

Savage cita un estudio de Stanford según el cual los detectores clasificaron como generados por IA más de 61 por ciento de los ensayos escritos por personas que no tenían el inglés como lengua materna, mientras que los errores fueron mucho menos frecuentes entre estudiantes estadounidenses.

De acuerdo con la investigadora, una redacción medida o formal puede bastar para despertar sospechas, aunque haya sido elaborada por una persona.

Los falsos positivos pueden tener consecuencias reales

Más allá de los errores técnicos, Savage cuestiona que los resultados de estos programas se utilicen como pruebas definitivas para sancionar a estudiantes o desacreditar obras.

La especialista menciona casos de estudiantes suspendidos por sospechas de utilizar IA y el de la novela Shy Girl, de Mia Ballard, cuya publicación Hachette dejó de realizar en 2026, de acuerdo con el texto citado.

Para Savage, interpretar un porcentaje como una prueba forense supone un error metodológico, pues estos sistemas no detectan directamente la deshonestidad ni determinan si un texto fue escrito por una persona. Únicamente calculan su cercanía estadística a determinados patrones de escritura.

“Una obra literaria no resuena por la limpieza de su gramática, sino por la cicatriz que deja una voz que habla desde una condición mortal y situada en el mundo”.

La investigadora considera que la IA puede ser una herramienta útil para explorar ideas, estructurar textos y realizar distintas versiones de un escrito. Sin embargo, sostiene que la dirección estética, el riesgo moral y la responsabilidad de lo expresado corresponden a quien crea la obra.

Detectores de IA confunden a García Márquez con una máquina

Los “humanizadores” buscan burlar los detectores

El problema de los sesgos también está presente en una nueva categoría de herramientas: los llamados humanizadores de IA, programas diseñados para reescribir textos generados artificialmente con el objetivo de que parezcan redactados por una persona y eviten las revisiones automatizadas.

Los primeros servicios especializados comenzaron a aparecer a principios de 2023, pocos meses después del lanzamiento de ChatGPT, a finales de 2022.

Entre las plataformas pioneras se encuentra Undetectable AI, que popularizó el concepto de “IA indetectable”. Posteriormente apareció StealthWriter, que ofrecía distintos niveles de humanización mediante sus modelos Ninja y Ghost, con opciones para modificar el texto y buscar una mayor evasión de los detectores.

Más adelante surgieron GPTinf y StealthGPT, herramientas que ampliaron las posibilidades de automatización para reescribir contenidos sin que el usuario tuviera que intervenir continuamente.

Estas plataformas fueron desarrolladas por jóvenes ingenieros de software y forman parte de un mercado que ha crecido junto con los sistemas de detección.

Cientos de herramientas y suscripciones de pago

Actualmente existen cientos de humanizadores disponibles en Internet, además de las instrucciones personalizadas, conocidas como prompts, que pueden utilizarse directamente en modelos de lenguaje.

Entre los sistemas mencionados se encuentran GPT-4o, de OpenAI, y Claude 3.5 Sonnet, de Anthropic, dos modelos que también pueden emplearse para modificar la redacción de un texto mediante instrucciones específicas.

El acceso a los humanizadores comerciales suele tener un costo de entre cinco y 19 dólares mensuales en algunas de las opciones más económicas.

La expansión de estas herramientas refleja una carrera entre los programas que intentan identificar textos artificiales y los que buscan modificar sus características para evitar la detección. Sin embargo, el caso de Cien años de soledad evidencia que un resultado automatizado no basta, por sí solo, para demostrar que un texto fue escrito por inteligencia artificial.

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