En la comunidad costera de Chabihau, habitantes han logrado recuperar parte de los manglares que durante décadas resultaron afectados por desmontes, cambios de uso de suelo, crecimiento urbano y fenómenos naturales.
Tras casi 30 años de trabajo comunitario, mujeres y hombres de esta localidad del sureste mexicano han conseguido que el ecosistema vuelva a cobrar vida entre humedales, agua salobre y zonas que antes quedaron devastadas.
Manglares, barrera natural ante huracanes
Los pobladores destacan que los manglares funcionan como protección natural frente a inundaciones y huracanes, además de servir como refugio para múltiples especies marinas.
La restauración no sólo consistió en sembrar árboles, sino en recuperar el flujo natural del agua y modificar el terreno para devolver equilibrio al ecosistema.
El proyecto comenzó en 1999 y actualmente abarca unas 20 hectáreas intervenidas en puntos específicos.
El recuerdo de Gilberto e Isidoro
En Chabihau, un puerto pesquero ubicado a una hora y media de Mérida, los habitantes aún recuerdan el impacto de los huracanes Huracán Gilberto y Huracán Isidoro.
Los fenómenos provocaron inundaciones severas y daños en viviendas y caminos, cambiando la percepción de la comunidad sobre los riesgos climáticos.
“Nos ayuda a que el viento ya no nos pegue tan fuerte”, afirmó Juan Nazario Couoh, representante de la cooperativa Tiburón.
Yucatán concentra gran parte de los manglares
De acuerdo con especialistas, la Península de Yucatán concentra cerca del 60 por ciento de las 905 mil hectáreas de manglar existentes en México.
Según cifras oficiales, en Yucatán la superficie de manglares pasó de 98 mil 756 hectáreas en 1981 a 96 mil 873 en 2020.
Los habitantes explican que uno de los factores clave para la recuperación ha sido la conservación de los llamados ojos de agua, manantiales de agua dulce que ayudan a reducir la salinidad y favorecen la reproducción de especies.
Actualmente, en la zona se observan:
- Mangles blancos
- Mangles rojos
- Mangles negros
- Peces y camarones
- Lagartos y aves como flamencos
Trabajo comunitario y conservación
Para restaurar el ecosistema, los pobladores construyeron bordos de contención conocidos como tarquinas, elaborados con hojas de palma para elevar el nivel del terreno y facilitar la reforestación.
La comunidad asegura que la técnica ha permitido que las semillas se dispersen naturalmente y que la vegetación continúe regenerándose en áreas cercanas.
Sin embargo, también enfrentan problemas como la pesca ilegal y el saqueo de recursos marinos.
“Personas vienen a la medianoche, pescan lo que van a llevar y lo demás lo tiran a la orilla”, denunció Nayda Cruz Moo, representante del grupo comunitario de restauración.
Buscan impulsar ecoturismo
Aunque los habitantes ya comienzan a obtener algunos recursos mediante pesca racional de especies como camarón, jaiba y chivita, reconocen que gran parte del trabajo de conservación sigue siendo voluntario.
Por ello, buscan desarrollar proyectos de ecoturismo y crear corredores entre los manglares para generar ingresos sin afectar el ecosistema recuperado.
Además, esperan fortalecer la protección ambiental mediante el programa Herencia Maya, impulsado por el Fondo Mundial para la Naturaleza, que contempla recursos para la conservación de áreas naturales protegidas en la región.



