Las redes sociales popularizaron la icónica vista del Monte Fuji con cerezos en flor y una pagoda roja, lo que ha provocado una llegada masiva de turistas a la ciudad de Fujiyoshida, generando problemas para sus habitantes.
Saturación y molestias vecinales
Lo que comenzó como un atractivo turístico se convirtió en una situación crítica para la comunidad local. Entre las principales quejas destacan:
- Congestión constante en calles estrechas
- Acumulación de basura
- Conductas inapropiadas de visitantes
- Uso indebido de espacios privados
Las autoridades locales señalaron que la llegada de hasta 10 mil turistas diarios ha comenzado a “amenazar la vida cotidiana de los residentes”.
Cancelan festival por exceso de visitantes
Ante este panorama, el gobierno local decidió cancelar el festival anual de los cerezos en flor, que se celebraba desde hace una década para promover el turismo.
“Decidimos no promover un evento que atrajera a más visitantes”, explicó Masatoshi Hada, funcionario municipal.
A pesar de la cancelación, zonas como el parque Arakurayama Sengen Park continúan saturadas, con largas filas para capturar la famosa vista panorámica.
Un problema que se extiende en Japón
El fenómeno, conocido como “contaminación turística”, no es exclusivo de Fujiyoshida. También se ha reportado en ciudades como Kioto y Kamakura, donde los residentes enfrentan problemas similares.
Este escenario ocurre mientras Japón busca aumentar el turismo internacional de 40 a 60 millones de visitantes para 2030, pese a las tensiones que genera en las comunidades locales.
Medidas para contener el impacto
Desde abril, las autoridades han implementado acciones para controlar la afluencia:
- Restricción de autobuses turísticos
- Mayor presencia de personal de seguridad
- Acceso peatonal obligatorio a ciertas zonas
- Campañas para fomentar el respeto a normas locales
Entre beneficios y conflictos
Aunque algunos negocios han resurgido gracias al turismo, muchos residentes consideran que la situación es insostenible.
“Es bueno, pero molesto”, resume Hitoshi Mori, un habitante de 93 años.
Mientras tanto, los visitantes siguen llegando atraídos por los paisajes y la cultura japonesa, incluso enfrentando largas filas y restricciones, lo que refleja el desafío de equilibrar el desarrollo turístico con la calidad de vida local.



