En Santa Rosa Jáuregui, delegación del municipio de Santiago, en Querétaro, un anuncio da la bienvenida con la frase “Querétaro, la capital del futbol”. La imagen muestra a Josefa Ortiz de Domínguez —La Corregidora— cabeceando un balón, en alusión al estadio mundialista de 1986.
En esta región se encuentra la comunidad de San Miguelito, que hace tres décadas fue reconocida por la maquila y fabricación de balones. Sin embargo, de los más de 100 talleres que existían, hoy apenas sobreviven seis, que buscan que su labor sea reconocida como artesanía.
Una tradición que resiste
José Balderas heredó el oficio familiar y lucha por mantenerlo vigente.
“Me acuerdo desde que era niño, tenía más o menos 10-12 años cuando ya cosía balones”.
La tradición comenzó con la maquila para marcas como Garcís y Estrella en los años 70 y 80. Con el tiempo, los habitantes decidieron fabricar los balones completos, consolidando una actividad que definió la economía local.
De auge económico a declive
Durante años, San Miguelito vivió de esta industria:
- En casi todas las casas había talleres
- También se producían artículos como guantes, peras y costales de box
- Los balones se vendían en mercados y ciudades como Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y León
“La gente vivía de eso”, recuerda Balderas.
Sin embargo, la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio y la llegada de productos importados, especialmente de China, provocaron una caída drástica.
“Ellos lo sacan en serie y tú cosiéndolo a mano no vas a competir”.
Intentar bajar la calidad no funcionó. La falta de ingresos llevó al cierre de talleres y a la migración de trabajadores hacia otras actividades o hacia Estados Unidos.
Adaptación y nuevos retos
Hoy, los pocos talleres que sobreviven buscan reinventarse. Estudios recientes señalan que el producto tiene potencial, pero requiere mayor difusión y una mejor estrategia de comercialización.
Balderas mantiene la producción de dos tipos de balones:
- Artesanal de piel bruñida, cosido a mano (mil 50 pesos)
- Versión comercial sintética (750 pesos)
Además, busca que cada pieza no solo sea funcional, sino también coleccionable.
Mercado digital, un pendiente
Moisés Hernández, con más de 40 años en el oficio, señala múltiples factores que han afectado la producción:
- Competencia extranjera
- Falta de seguridad social en los talleres
- Crecimiento urbano e industrial
- Migración
- Impacto de la pandemia
- Rezago en el comercio digital
A sus 67 años, continúa trabajando y aprovecha eventos como el Mundial de futbol para impulsar ventas, aunque reconoce que la demanda ha cambiado.
“Antes las escuelas de futbol mandaban a hacer balones, ya no”.
¿Artesanía o manualidad?
Uno de los principales retos es lograr el reconocimiento formal del trabajo como artesanía.
José González Luján, de la Secretaría de Cultura de Querétaro, explicó que la diferencia radica en el proceso:
“Puede considerarse artesanía cuando se realiza con técnicas tradicionales y materiales locales”.
En cambio, si se emplean materiales prefabricados o procesos estandarizados sin identidad cultural, se clasifica como manualidad.
Para los baloneros de San Miguelito, el objetivo es claro: preservar su tradición y darle el valor cultural que merece.



