Un clima de incertidumbre se extendió por diversas ciudades de Jalisco —desde Guadalajara y su zona conurbada hasta Puerto Vallarta— tras una de las jornadas más violentas en la historia reciente del estado, marcada por bloqueos, quema de vehículos y comercios, así como enfrentamientos entre autoridades y presuntos integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Impacto en la vida cotidiana
El temor derivó en:
- Compras de pánico y largas filas en los pocos comercios y tortillerías abiertas.
- Calles y avenidas semidesiertas.
- Transporte público operando con menos de 30% de sus unidades.
Miles de personas no acudieron a trabajar o llegaron tarde; universidades y escuelas suspendieron clases; bancos y gasolineras permanecieron cerrados. Además, varios vehículos incendiados no fueron retirados por la falta de operadores de grúas.
Infodemia y aislamiento
La desinformación en redes sociales —con falsas alertas sobre enfrentamientos, bloqueos e incendios— se intensificó desde el domingo y llevó a que habitantes de prácticamente todo el estado optaran por resguardarse en sus hogares.
En ciudades grandes, la escasez de transporte fue determinante; en poblaciones como Etzatlán, Chiquilistlán y Mascota, la población permaneció aislada debido a bloqueos con vehículos incinerados en las vías de acceso.
Habitantes de Etzatlán y Mascota denunciaron en redes la incomunicación y la falta de patrullaje municipal, estatal y federal, lo que incrementó la sensación de inseguridad que prevalece desde el domingo.
Turistas varados y carreteras obstruidas
En Tapalpa, Pueblo Mágico y destino de montaña, turistas quedaron varados por bloqueos que comenzaron a retirarse hasta la tarde. Las carreteras hacia Atemajac de Brizuela, de Chiquilistlán al crucero de Tecolotlán, y la ruta 463 Tapalpa–Guadalajara continuaban con escombros que impedían el libre tránsito, según autoridades municipales.
Actividad laboral casi detenida
En la capital jalisciense, la Confederación Patronal de la República Mexicana reportó que casi 80% de los trabajadores de empresas afiliadas no asistieron a laborar.
Aunque el gobierno estatal y ayuntamientos metropolitanos anunciaron actividades normales, la mayoría del personal no acudió, incluidos policías, lo que obligó al cierre de dependencias, entre ellas oficinas recaudadoras.
Avenidas usualmente congestionadas registraron tránsito fluido, mientras miles de personas esperaron sin éxito autobuses o taxis. El mercado de abastos permaneció cerrado y, al cierre de esta edición, decenas de unidades quemadas seguían obstruyendo vialidades, centros comerciales y carreteras de acceso y salida de Guadalajara.



