Desde hace más de dos décadas, comunidades mayas de Hopelchén, en el estado de Campeche, han visto agravarse la degradación de su territorio y daños a la salud por la deforestación, la pérdida de polinizadores y la contaminación de pozos con plaguicidas, denunció el Colectivo Maya de los Chenes.
Expansión agroindustrial y pérdida territorial
En entrevista, Jorge Pech, representante del colectivo, señaló que la llegada de empresas trasnacionales y grupos menonitas ha provocado la pérdida de territorio ancestral y la deforestación de más de 400 mil hectáreas en la entidad.
Detalló que la producción agrícola a gran escala de monocultivos —maíz, soya, sorgo, arroz, sandía y tomate— utiliza pesticidas altamente tóxicos, con efectos negativos sobre la biodiversidad y los acuíferos.
Amparo ante la Suprema Corte
Ante este escenario, explicó que en 2020 integrantes de 17 comunidades mayas promovieron una demanda de amparo para garantizar el derecho humano al agua y a un medio ambiente sano. El caso se encuentra en revisión en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a cargo de la ministra María Estela Ríos González.
El colectivo solicitó una audiencia presencial antes de que se emita la resolución definitiva, al considerar que el asunto no sólo impacta a Campeche, sino a toda la península de Yucatán, pues la contaminación del acuífero afecta también a Quintana Roo y Yucatán. Una reunión virtual fue descartada por las dificultades de acceso a Internet en comunidades alejadas de zonas urbanas.
“El acceso a Internet es complicado; por eso preferimos que el encuentro sea en persona”.
Riesgo a la identidad comunitaria
Pech advirtió que los daños derivados de la agroindustria ponen en riesgo el patrimonio e identidad de comunidades dedicadas históricamente a la apicultura y a la milpa tradicional.
“La gente está siendo desplazada y los jóvenes emigran; cada día es más difícil conservar semillas nativas y plantas medicinales”.
Evidencia oficial sobre contaminación
Un informe publicado en 2024 por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales confirmó la contaminación del agua subterránea y superficial en la región, con valores por arriba de los límites permisibles.
En cuanto a la mortandad de polinizadores, 56% de los sitios cercanos a colmenas analizadas presentaron al menos un plaguicida catalogado como insecticida peligroso para las abejas, lo que sugiere una relación directa con las muertes registradas.



