La 76 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale) arrancó este jueves 12 de febrero con la proyección de una cinta dirigida por la joven cineasta afgana Shahrbanoo Sadat, cuya obra pone en el centro la experiencia de las mujeres en Afganistán.
La mención de ese país suele despertar incomprensión, resignación política y compasión por la situación que enfrentan sus mujeres. Esa carga simbólica acompaña al filme desde su inicio.
Un rodaje marcado por el exilio
Aunque la película fue rodada íntegramente en Alemania, Sadat viajó a Afganistán en 2021, tres meses antes del regreso de los talibanes al poder, para documentarse y acompañar a periodistas de un medio local.
La cinta, titulada en inglés No Good Men (No hay hombres buenos), se presentó en la sección Berlinale Special, una de las más relevantes del festival. Aunque estas películas no compiten por el Oso de Oro, destacan por su diversidad de géneros y por invitar a la reflexión desde la experiencia del espectador.
Violencia, periodismo y mirada femenina
El filme aborda la discriminación extrema que viven las mujeres en Afganistán desde la perspectiva de una periodista que trabaja para una importante agencia de noticias en Kabul. La protagonista, Naru, interpretada por la propia Sadat, es una camarógrafa que documenta testimonios de mujeres víctimas de violencia intrafamiliar en las semanas previas al retorno del régimen talibán.
En esas entrevistas, las mujeres repiten una frase contundente: “no hay hombres buenos en Afganistán”. Sin embargo, la protagonista descubre en un compañero de trabajo apoyo, empatía y generosidad, lo que le permite replantear su visión sobre la figura masculina. Separada del padre de su hijo, esa relación abre una grieta de humanidad en medio del contexto opresivo.
Más allá del conflicto político
La historia privilegia el enfoque humano por encima del conflicto político. Humor y tensión se combinan de forma equilibrada, mientras algunas escenas —como aquellas que muestran a cientos de afganos intentando huir del país aferrándose a un avión— resultan profundamente conmovedoras.
Un festival con vocación política
La elección de una película proveniente de un país poco representado en el cine internacional forma parte del carácter político de la Berlinale. La propia Sadat señaló que Afganistán carece de una industria cinematográfica y que el proceso creativo fue también doloroso.
“Llegué a Alemania hace cuatro años, tras salir de mi país en condiciones traumáticas. Lo primero que me obligaron a hacer fue tomar un curso de alemán; fue muy difícil, porque fue aquí donde realmente emergió la gravedad de mi situación”, relató.
Por su parte, Tricia Tuttle, directora del festival, explicó que la selección de la cinta inaugural responde a un proceso complejo en el que convergen múltiples voces.
“Es una combinación de un punto de vista político y de un filme que despierta muchas emociones. Queremos mostrar algo que tal vez no se ha visto antes en el cine y también sorprender al público”, afirmó.




