Durante años, una piedra caliza redonda y blanca, de origen romano y cubierta con enigmáticas líneas geométricas, desconcertó a investigadores en Países Bajos. Hoy, el misterio parece haberse resuelto gracias al uso de tecnología de inteligencia artificial.
Un tablero oculto en la piedra
A partir de imágenes en tres dimensiones, especialistas detectaron que algunas líneas del objeto eran más profundas que otras, lo que sugiere un uso repetido y movimientos diferenciados de piezas.
NEW AI simulation helps calculate the rules of a previously unknown Roman board game, pushing evidence for the playing of blocking games in Europe back centuries!
— 🅰ntiquity Journal (@AntiquityJ) February 11, 2026
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“Podemos observar el desgaste a lo largo de las líneas de la piedra, exactamente donde se deslizaba una pieza”, explicó Walter Crist, arqueólogo de la Universidad de Leiden y especialista en juegos antiguos.
Este patrón llevó a los investigadores a concluir que se trataba de un antiguo juego de mesa, tallado directamente en la piedra.
Inteligencia artificial y reglas perdidas
Investigadores de la Universidad de Maastricht emplearon posteriormente un programa de inteligencia artificial llamado Ludii, entrenado con las reglas de alrededor de 100 juegos antiguos provenientes de la misma región.
Según Dennis Soemers, de dicha universidad, el sistema:
“Produjo docenas de posibles conjuntos de reglas. Luego se autoevaluaba e identificó algunas variantes que resultaban agradables para los humanos”.
No obstante, el especialista advirtió que los resultados no son definitivos.
“Si se le da a Ludii un patrón de líneas como el de esta piedra, siempre encontrará reglas para el juego. Por lo tanto, no podemos estar seguros de que los romanos lo jugaran exactamente de esta manera”.
Un juego de estrategia
De acuerdo con los investigadores, el objetivo del juego era capturar las piezas del oponente en el menor número de movimientos posible, en lo que describen como un “juego de estrategia engañosamente simple pero emocionante”.
Los resultados del estudio, así como las reglas reconstruidas, fueron publicados en la revista científica Antiquity.




