Cuando las muestras de roca del asteroide Bennu llegaron a los laboratorios terrestres, la comunidad científica se enfrentó a una sorpresa inesperada: ese cuerpo helado y prácticamente intacto contenía aminoácidos, moléculas simples que al combinarse forman proteínas y son fundamentales para el surgimiento de la vida.
El hallazgo confirmó que los llamados “ladrillos básicos de la vida” están dispersos por el sistema solar, incluso en ambientes extremos. Sin embargo, la revelación abrió un nuevo interrogante: ¿cómo pudo un asteroide ubicado a 122 millones de kilómetros de la Tierra albergar estos compuestos prebióticos?
Un modelo en duda
Durante décadas, la explicación más aceptada para la formación de aminoácidos ha sido la llamada síntesis de Strecker, una reacción química que ocurre en presencia de agua líquida templada. No obstante, Bennu nunca contó con lagos ni ambientes húmedos.
Las señales químicas del asteroide indican que jamás estuvo en contacto con agua líquida y que se formó en regiones muy frías y remotas del sistema solar. Bajo el modelo clásico, Bennu no habría podido generar aminoácidos.
Radiación y frío extremo
Un estudio reciente, basado directamente en las muestras de Bennu y publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), propone una ruta alternativa para la formación de estos compuestos.
Los investigadores plantean que algunos aminoácidos pudieron originarse a partir de hielo expuesto a radiación cósmica en los confines fríos del sistema solar temprano.
El equipo analizó la glicina, el aminoácido más simple y uno de los bloques básicos de la vida, y comparó su firma isotópica con la de la glicina hallada en el meteorito Murchison, que cayó en la Tierra en 1969. Mientras que los compuestos de Murchison coinciden con un origen por síntesis de Strecker, los de Bennu apuntan a bajas temperaturas y radiación como factores clave.
Más de un camino hacia la vida
Los resultados sugieren que existen múltiples rutas para generar los bloques fundamentales de la vida, algunas muy distintas a las condiciones terrestres. Los científicos reconocen que ahora surgen más preguntas que respuestas y que será necesario analizar muestras de otros asteroides para confirmar estos procesos.
“Nuestros resultados invierten el guion sobre cómo hemos pensado que normalmente se forman los aminoácidos en los asteroides. Ahora parece que hay muchas condiciones en las que se pueden formar estos bloques de construcción de la vida, no solo cuando hay agua líquida tibia”, señaló Allison Baczynski, coautora del estudio.
Más allá de los aminoácidos
Además de aminoácidos, los investigadores identificaron ribosa, nucleobases, fosfatos y glucosa, esta última una fuente esencial de energía. En conjunto, estos compuestos forman los componentes básicos del ARN.
Si bien los hallazgos no implican que Bennu albergue vida, sí refuerzan la idea de que las “semillas” necesarias para que ésta surja podrían estar ampliamente distribuidas en el sistema solar.



