Las estrellas han inspirado poesía, citas románticas y noches de contemplación silenciosa. No es casualidad: se estima que la Vía Láctea contiene entre 100 mil millones y 400 mil millones de estrellas, un rasgo que durante mucho tiempo se consideró indispensable para definir qué es una galaxia. Sin embargo, recientes descubrimientos astronómicos han puesto en duda esa idea.
El hallazgo de galaxias sin estrellas
Hasta hace pocos años, pensar en galaxias sin estrellas parecía descabellado. No obstante, en 2024 astrónomos detectaron una enorme nube de gas de hidrógeno, similar en tamaño a la Vía Láctea, pero sin rastro de estrellas.
El objeto, denominado J0613+52, fue descrito por Karen O’Neil, del Green Bank Observatory, como:
“El descubrimiento de una galaxia primordial, tan difusa que no ha sido capaz de formar estrellas”.
Debido a la ausencia de cuerpos luminosos, este tipo de estructuras ha sido denominado galaxias fantasma.
Cloud-09 y el papel de la materia oscura
El 9 de enero de este año se confirmó la existencia de un segundo objeto similar: Cloud-09, detectado por el Telescopio Espacial Hubble. Este cuerpo celeste está compuesto principalmente por materia oscura y nubes de gas que, hasta ahora, nunca han generado estrellas.
De acuerdo con la European Space Agency (ESA):
“Cloud-09 podría eventualmente formar una galaxia en el futuro, dependiendo de si aumenta su masa. Si fuera mucho más grande, habría colapsado y formado estrellas; si fuera mucho más pequeña, el gas se habría dispersado”.
¿Por qué estudiar galaxias oscuras?
La observación de estas galaxias ofrece una oportunidad única para comprender cómo se forman los sistemas estelares. Según los modelos actuales de evolución del universo, las galaxias oscuras pueden acumular gas durante miles de millones de años hasta iniciar la formación de estrellas.
¿Cómo nace una estrella?
El proceso comienza cuando grandes nubes de gas y polvo, compuestas principalmente de hidrógeno y helio, permanecen suspendidas durante largos periodos. Una perturbación —como el paso de un brazo galáctico o una supernova— provoca que la nube se comprima, se caliente y gire cada vez más rápido.
- La parte más densa se convierte en una protoestrella
- El material restante puede formar planetas
- Cuando la temperatura alcanza los 10 millones de grados Celsius, nace una estrella
Si este proceso se repite, una galaxia oscura podría transformarse en una galaxia “normal” tras miles de millones de años.
Una ventana para entender la materia oscura
Otro valor clave de estos descubrimientos es que permiten estudiar la materia oscura sin la interferencia de la luz estelar. Antes de detectar galaxias como J0613+52 y Cloud-09, la materia oscura solo se conocía por sus efectos indirectos sobre la materia visible.
Según la NASA, existen tres evidencias principales de su existencia:
- Las estrellas en los bordes de las galaxias giran demasiado rápido
- La gravedad de los cúmulos galácticos distorsiona en exceso la luz lejana
- Sin materia oscura, las galaxias no habrían tenido tiempo de formarse
El origen de la estructura del universo
Tras el Big Bang, el universo era extremadamente caliente y uniforme. La radiación habría impedido que la materia visible formara estructuras estables. La materia oscura, al no interactuar con la radiación, pudo colapsar primero, creando halos y filamentos invisibles que sirvieron como andamiaje del universo.
Gracias a ese colapso temprano, se formaron galaxias —luminosas o no— y se estructuró el cosmos tal como lo observamos hoy. Sin la materia oscura, el proceso habría comenzado demasiado tarde.
A 13.8 mil millones de años del Big Bang, la pregunta sigue abierta: ¿qué tipo de universo existiría sin ella?



