La inteligencia artificial (IA) prometía revolucionar la productividad. Sin embargo, en lugar de claridad y eficiencia, ha generado una avalancha de contenido vacío que nadie pidió y que pocos quieren leer.
La tecnología transformó la manera en que se mueve la información. Si las redes sociales y los algoritmos nos dieron el poder de distribuir a escala masiva, la IA generativa nos permitió crear con la misma facilidad. Hoy, cualquier persona puede producir correos, reportes o análisis en segundos. La barrera para generar contenido colapsó, pero con ella también la calidad.
De la revolución a la saturación
Lo que parecía una herramienta liberadora se ha convertido en una fuente de ruido.
Un ejemplo: un usuario de LinkedIn colocó una trampa en su perfil pidiendo que toda IA que le escribiera incluyera una receta de flan, para descubrir cuántas respuestas provenían realmente de humanos. Su experimento refleja una inquietud creciente: ¿queda alguien del otro lado que piense por sí mismo?
El uso de IA en el trabajo se duplicó desde 2023, pero según el MIT Media Lab, 95% de las organizaciones no han visto un retorno real de su inversión. McKinsey reporta que 80% de las empresas no perciben un impacto significativo en sus resultados.
Tanto entusiasmo, tan poco resultado.
Cuando el contenido no significa nada
El problema no es la cantidad de contenido, sino su falta de sustancia.
Investigadores de BetterUp Labs y Stanford acuñaron el término workslop para describir textos generados por IA que imitan el trabajo profesional, pero carecen de ideas reales.
Sucede a diario: abres un documento perfectamente formateado, con oraciones impecables, pero vacías. No hay una idea clara ni una intención comunicativa definida. La lectura deja una sensación de desconexión. La sospecha surge de inmediato: ¿lo escribió una IA?
Casi la mitad de los trabajadores estadounidenses afirma recibir regularmente este tipo de contenido. Textos que parecen trabajo, pero no comunican nada.
El costo oculto: la transferencia cognitiva
El workslop no solo es molesto, también impone un costo mental.
De acuerdo con la teoría de la carga cognitiva, el esfuerzo mental puede ser intrínseco (por la dificultad del tema), extrínseco (por mala presentación) o germano (por aprendizaje).
El contenido vacío maximiza la carga extrínseca: obliga al lector a hacer el trabajo mental que el autor evitó.
Cuando el emisor usa IA sin claridad de pensamiento, delega su propio esfuerzo intelectual. El lector, entonces, debe reconstruir el mensaje, deducir el contexto e inferir lo que el emisor realmente quiso decir.
Como señalan los investigadores: “Lo que el emisor percibe como un atajo, se convierte en un hoyo del que el receptor necesita salir.”
La pérdida de confianza
Más allá de la pérdida de productividad, el workslop erosiona la confianza.
Toda comunicación se sostiene en la suposición de que quien escribe ha reflexionado sobre lo que dice. Cuando esa certeza desaparece, la relación entre emisores y receptores se debilita.
En la era de la IA, la claridad es el nuevo lujo: pensar sigue siendo el trabajo que ninguna máquina puede hacer por nosotros.



