El interior de Marte no es una estructura lisa y estratificada, como tradicionalmente se muestra en los libros de texto. Un estudio internacional liderado por el Imperial College de Londres revela que el planeta rojo alberga en su manto fragmentos rocosos irregulares de hasta 4 kilómetros de ancho, fósiles geológicos que se remontan a su violenta formación.
El hallazgo, publicado en la revista Science, se realizó a partir de los datos obtenidos por la misión InSight de la NASA, que durante cuatro años analizó las capas internas, el clima y la actividad sísmica marciana.
Impactos colosales en su origen
Hace unos 4,500 millones de años, Marte y los demás planetas rocosos del Sistema Solar se formaron bajo intensas colisiones. Según los investigadores, el planeta fue golpeado por cuerpos del tamaño de otro planeta, en eventos similares a los que originaron la Luna terrestre.
“Estos impactos colosales liberaron suficiente energía para derretir grandes partes del joven planeta en vastos océanos de magma”, explicó Constantinos Charalambous, autor principal del estudio.
Al enfriarse y cristalizarse esos océanos de magma, quedaron atrapados fragmentos de distinta composición que hoy permanecen en el manto marciano.
A diferencia de la Tierra, donde la tectónica de placas recicla constantemente la corteza, Marte quedó sellado bajo una corteza rígida, preservando su interior como una cápsula del tiempo geológica.
Evidencias de la misión InSight
La información proviene de registros sísmicos de ocho terremotos, dos de ellos originados por impactos recientes de meteoritos que dejaron cráteres de 150 metros en la superficie.
Las ondas sísmicas mostraron retrasos e interferencias, lo que confirma que el interior de Marte es irregular y caótico, y no liso como se pensaba.
Los fragmentos siguen un patrón “fractal”: pocos bloques grandes rodeados de numerosos más pequeños.
“Es el mismo efecto que cuando un vidrio cae al suelo: se rompe en unos pocos trozos grandes y en una gran cantidad de piezas más pequeñas. Es sorprendente que aún podamos detectar esta distribución después de miles de millones de años”, señaló Tom Pike, coautor del estudio.
Implicaciones para otros planetas
El descubrimiento no solo ofrece una nueva visión sobre Marte, sino que también podría ayudar a comprender la evolución de otros planetas rocosos como Venus y Mercurio, cuyos interiores permanecen ocultos bajo superficies inactivas.